viernes, 5 de noviembre de 2021

DON BRYANT - DON’T GIVE UP ON LOVE



1960. Los mismísimos 5 Royales, una de las bandas por antonomasia del R&B, pisan Memphis para grabar lo que será su primer trabajo para la discográfica Home Of The Blues. Allí, en el 107 de Beale Street, en la puerta del estudio, les espera Willie Mitchell, un productor y músico local que se ha labrado ya un prestigio como trompetista tanto con su propio combo como acompañando a gente de primera línea como Phineas Newborn Jr. o Charles Lloyd. De entre todo el material que les pasa para comenzar las grabaciones destaca "I Got To Know", un rítmico patrón R&B de aires doo-wop, comercial y pegadizo que les viene que ni pintado para seguir dominando las listas de éxitos. Los miembros de los 5 Royales miran la autoría de la canción, en paréntesis tras el título. “¿Donald Bryant? ¿Quién demonios es Donald Bryant?” se preguntan despistados los chicos algo endiosados dada la borrachera de buenos resultados comerciales que llevan cosechando durante años. Mitchell llama al tal Donald y éste, tímido y retraído pero también sonriente, se presenta en el estudio tan rápido como puede. “Aquí Don Bryant” presenta Mitchell, “un chaval de apenas 18 años que ya es líder de su propia banda juvenil de góspel y que posee un talento innato y desenfrenado para la composición. Por eso está aquí”. Así, justamente, es como me imagino el comienzo de la historia conjunta entre ese chaval, anónimo por aquel entonces, llamado Don y Willie Mitchell, a la postre, creador de la magia que salió de esa fábrica de sueños que fue Hi Records. El resto ya lo conocemos. O deberíamos.

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viernes, 20 de noviembre de 2020

Desde Tremé, atómico Corey Henry

En los últimos años, el trombón ha tenido dueño y señor en Nueva Orleans: ni más ni menos que el señor Troy Andrews, más conocido como Trombone Shorty…hasta el año pasado. En 2016, y con una fórmula parecida pero que ahonda más en el sonido meramente Brass Band de la Crescent City, saltó a la palestra Corey Henry, músico bregado desde los 16 años en la música de su ciudad y participante desde entonces en la extraordnaria Tremé Brass Band donde le introdujo su tío. Y digo hasta el año pasado porque fue cuando se publicó su primer disco, un trabajo atómico llamado “Lapeitah” en alusión a una famosa danza cultural de su propio barrio y que, aparte de ese escándalo de banda que lleva llamada Tremé Funktet, traía en el pack gente consagrada como el ex-Living Colour Corey Glover y músicos procedentes de los mismísimos Parliament/Funkadelic de George Clinton como el saxofonista Greg Thomas o independientes contrastados como Maurice “Mobetta” Brown. El resultado es un funk sin paliativos, groove sin descanso, que te noquea a las primeras de cambio y te deja extasiado en la propia butaca porque, aunque lo escuches sentado, no vas a poder parar de moverte durante los poco más de cuarenta minutos que dura. Es más, te van a dar ganas de levantarte y botar como si no hubiera mañana. Una auténtica barbaridad de disco como efectivamente sugiere este “Baby C’Mon” incluído en el repertorio y que trae la colaboración de la vocalista Cole Williams. Si no se te van los pies y, con ellos, todo lo demás después, estás muerto colega. 

Harold Alexander, espiritualidad con mucho groove


En 1969, Bob Thiele creó, después salir de Impulse!, el sello Flying Dutchman, casa para la que grabaron, entre otros, Gil Scott-Heron, Leon Thomas, Lonnie Liston Smith o Harold Alexander, autor en 1971 de “Sunshine Man”, un apabullante artefacto que conjuntó el jazz-funk que comenzaba a despuntar en aquella época con momentos más espirituales propios de la improvisación libre y toques afrocéntricos. En aquella sesión de grabación se dieron cita Richard Davis (bajo), “Pretty” Purdie (batería), Neal Creque (teclados) y Richard Landrum (percusión) además del propio Alexander en la flauta y saxo soprano, para crear cosas como la que escucharás si sigues leyendo.

A TRIBE CALLED QUEST

Q-Tip, Phife Dawg & Ali Shaheed Muhammad (junto a Jarobi White ocasionalmente) escribieron como A Tribe Called Quest algunas de las páginas más descomunalmente brillantes de la Great Black Music de finales de siglo XX. 

Obras recomendadas: 

- People's Instinctive Travels And The Paths of Rhythm (1990)
- The Low End Theory (1991) 
- Midnight Marauders (1993)

Candi Staton - Evidence: The Complete Fame Records Masters (Kent, 2011)

Como otras tantas perlas más o menos ocultas en los anaqueles dorados de la historia de la Gran Música Negra, Candi Staton pasó del gospel de su juventud en el Jewell Gospel Trio a lanzar su carrera a finales de los sesenta, empujada por su, por aquel entonces marido Clarence Carter, como vocalista de southern soul en el legendario sello Fame, propiedad de Rick Hall. Fue en este período comprendido entre 1969 y 1974, cuando la cantante firmó sus grabaciones más memorables, paradigma inequívoco del mejor soul sureño grabado hasta la fecha. Una grabaciones que, gracias al sello Kent, subsidiario de Ace Records, vieron en 2011 la luz en un doble CD compuesto por las 48 canciones que Staton realizó para la mencionada discográfica Fame, de las cuales 22 no se habían editado aún en soporte CD y 12 ni siquiera habían tenido la oportunidad de verse publicadas desde que se grabaron hace aproximadamente cuarenta años. Canciones que hablan de los temas típicos que el southern soul abordaba en aquella época -la mentira, el desamor y la infidelidad entre otros- desde una crudeza incipiente que se manifestaba tanto en el apartado instrumental con esos grandiosos riffs de metal y esos fantásticos arreglos en teclados, guitarras y líneas de bajo como en el apartado vocal donde el gospel y el blues se daba la mano de manera habitual. Pero "Evidence: The Complete Fame Records Masters" no es sólo una compilación imprescindible sino también una oportunidad que no se debe dejar pasar en caso de que te falte algo de Candi Staton. Si hay algo de ella que se deba tener, son estas grabaciones que Fame tuvo a bien regalarnos en su momento y que siguen tan frescas como el primer día.

AL GREEN - LOVE, HAPPINESS & SOUL

Al Green subido a un escenario tiene la misma potencia que un predicador pro-derechos civiles. Es galvánico, crudo y yermo a la par que sofisticado y adorable. Puro sonido Memphis, puro Hi Records, puro Willie Mitchell. Menos Southern que Syl Johnson o Ann Peebles pero infinitamente más carismático y abrazable. Su voz, aposentada sobre esos arreglos tan reconociblemente impresionantes marca de la casa, retumba impugnadora sobre la historia de la música popular contemporánea, sobre la vida misma. Su capacidad para contarnos historias pulula ensanchando y enriqueciendo nuestras vísceras con la misma facilidad, honestidad y solvencia con la que desgrana pasajes de amor, con ese halo de trascendencia y autenticidad que solo los más grandiosos juglares pueden alcanzar. Un trozo de cielo, un risueño y entrañable mensajero de sueños a nuestro alcance, al alcance de los simples mortales que solo podemos ofrecer gratitud, veneración y amor desmedidamente eterno. Un sonido el suyo que regurgita desde lo más profundo de las entrañas.

De eso precisamente va el SOUL.
De eso va precisamente AL GREEN.